viernes 03 de octubre de 2008
La exposición a plaguicidas sin protección puede conducir a un daño genético capaz de causar enfermedades degenerativas a la larga. El Instituto de Genética de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) inicia otro estudio, ahora con 200 campesinos agricultores de Sapahaqui, para profundizar en el conocimiento de este tema y poder plantear soluciones.
La especialista en genética tóxica Noemí Tirado, investigadora del Instituto de Genética de la UMSA, realizó un trabajo previo de biomonitoreo genotóxico por exposición a plaguicidas en agricultores de Caranavi, Guanay, Mecapaca y Palca. El estudio se realizó sobre personas expuestas y no expuestas (que usan protección) a los tóxicos.
“Hemos realizado una batería de pruebas para ver el daño a nivel genético y hemos constatado con estas pruebas que existe un riesgo en relación a las personas no expuestas”, comentó sobre este primer estudio. Este hecho implica que las personas expuestas a los plaguicidas sin protección son las más propensas a desarrollar algún tipo de enfermedad degenerativa o hasta cáncer.
Otro estudio en las mismas poblaciones verificó la susceptibilidad genética, es decir la capacidad genética de una persona para detoxificar los contaminantes ambientales, en este caso los plaguicidas. La doctora Tirado explicó que, en este caso, se logró determinar que las personas carentes de este gen, que contiene isoenzimas de mutación de elementos tóxicos, están más expuestas al riesgo de un daño a nivel genético.
Una nueva investigación, actualmente en marcha, se realizará sobre las poblaciones de Sapahaqui (K’ola y Maca Maca) donde se emplean plaguicidas en la producción de tomates. Tirado explicó que durante un año se realizará un biomonitoreo con varias pruebas aplicando el ensayo del cometa, micronúcleos en células de de mucosa bucal, micronúcleos en células de linfocitos de sangre periférica y la genotipificación o verificación de la susceptibilidad genética.
Los resultados
Los primeros estudios sirvieron para que otras instituciones, como Plagbol, plantearan propuestas para paliar esos riesgos. La tarea de prevención ejecutada consistió en realizar capacitaciones sobre el uso de los agroquímicos, con énfasis en la protección del agricultor, y acerca del empleo de controladores naturales de plagas.
La doctora Tirado dice que el usar protección al momento de aplicar los plaguicidas no inhibe del riesgo, pero obstaculiza una contaminación más fuerte que tendría repercusiones graves. El daño genético puede ser transmitido a la siguiente generación si es que se llegara a afectar las células germinales, dice la especialista, pero por ejemplo existe más riesgo si quienes aplican los agroquímicos son las mujeres embarazadas o en proceso de amamantar a sus recién nacidos.
Para el caso del estudio en Sapahaqui, el equipo de la doctora Tirado estudiará 200 muestras de personas que voluntariamente se adscriban a colaborar con la investigación a través de ceder muestras de sangre y mucosa bucal.
Hasta el momento no se conocen estudios, en el país, del efecto que causan los plaguicidas en los consumidores. Sin embargo, el Instituto de Biogenotoxicología de la Universidad Mayor de San Andrés ha elaborado una investigación acerca de los plaguicidas en el producto final, para el caso de los tomates.
Una parte del estudio estará compuesto por pruebas de laboratorio y otra parte implicará la aplicación de encuestas a la población estudiada.
Fuente: PIEB
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