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Universidad o tecnológico

A ciertas autoridades les fascina la presunción, sin considerar que muchas instituciones e incluso palabras tienen determinados lugares para ser usadas, porque, de lo contrario, se cae en la impertinencia y hasta en la vanidad.
Algo de esto ocurrió con la creación de tres “universidades” indígenas, una aymara en Achacachi (La Paz), otra quechua en Chimoré (Cochabamba) y la tercera guaraní en Kuruyuki (Chuquisaca). Inicialmente, puede decirse que el término universidad se utiliza para que los alumnos aprendan conocimientos académicos sobre una determinada área del saber.

En este caso, la formación se caracteriza, generalmente, por ser teórica, como ocurre con la medicina, el derecho, la filosofía y otras. Puede que tengan enseñanzas prácticas, pero sólo son para ilustrar mejor la teoría.

En cambio, los tecnológicos son de origen contemporáneo y su acento es la enseñanza práctica. La creación de ellos se fundamentó en la revolución industrial, para cuyo cometido se necesitaba de personas que sepan armar y manejar máquinas, cada vez más desarrolladas y sofisticadas.

Los tecnológicos tienen, en la actualidad, tanto o más predicamento que las propias universidades. En México, por ejemplo, el Tecnológico de Monterrey es el centro de enseñanza superior de mayor prestigio del país. Otro tanto ocurre con el MIT estadounidense, que trabaja codo a codo con la famosa universidad de Harvard, en Boston.

De esa manera, no se gana nada con llamar universidades indígenas a las creadas recientemente, más bien se las subestima, porque se prestan a la discriminación, por lo de indígena. Lo más apropiado era coordinar con el Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB) y el Ministerio de Educación, tal como dispone la Constitución vigente.

La Razón