En las universidades y otros centros de estudios superiores debe asumirse la convicción formal de que la investigación es una necesidad y, a la vez, un desafío, para los jóvenes de hoy. Nadie debe resignarse a que ella únicamente sea el patrimonio de las naciones desarrolladas. Incluso debe entenderse que en los países emergentes y en desarrollo hay mucho que investigar, en el plano puramente intelectual y, con mayor razón, en el científico.
Las riquezas naturales que poseen, tan ricas en su contenido y variedad, se prestan a la investigación, tanto para su propio uso y consumo, como también para aportar al resto de la humanidad. Pueden ser múltiples innovaciones y, al mismo tiempo, en el caso de los medicamentos, por ejemplo, elaborar y producir sustitutos de los que se comercializan globalmente, pero a precios demasiado altos, porque en los países desarrollados los salarios y los insumos tienen costos que, por lo general, no están al alcance de las poblaciones de modesta economía, como es el caso de Bolivia, para citar la experiencia más directa.
Por éstas y muchas otras razones, es plausible que en la Universidad Privada Boliviana (UPB), sustentada parcialmente por el empresariado nacional, se preste especial dedicación a los trabajos investigativos, tanto individuales como de grupo. Este sería el testimonio de su compromiso con la excelencia.
Hace poco, al comentar que en la Universidad de Harvard y en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) tienen en funcionamiento más de 50 laboratorios exclusivamente dedicados a la investigación, la interrogante que suscitaba era: ¿Y, nosotros, cuándo lo hacemos?
La UPB acaba de distribuir la revista titulada “Investigación y Desarrollo”, en la que sus 144 páginas están dedicadas a recoger los trabajos de investigación realizados en ese centro académico, por profesores y alumnos.
Las investigaciones incluidas en la publicación están dirigidas principalmente a diversos requerimientos que se confrontan en el país, en alimentos, en el manejo de empresas y en varios otros campos. Sin embargo, es llamativo que uno de los estudios esté escrito en inglés y en él hayan participado profesionales de Bolivia y Bielorrusia.
Fuente: La Razón
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